El artículo de opinión titulado “Un vampiro llamado
Pegida”, de Eduardo Estrada, aparecido en El
País el 20 de enero de 2015, porta como tema principal –tal y como nos
indica el título– la aparición del movimiento de extrema derecha surgido en
Dresde, también conocido como Pegida, y su repercusión en la sociedad en cuanto
a la incitación a la violencia en contra de la islamización de occidente. Por
otra parte, también podemos enumerar una serie de ideas secundarias que el autor
ha aportado para la mejor comprensión del artículo. Por ejemplo la aparición de
la esvástica en el apartamento de un joven eritreo; aprovechamiento de los
atentados de París para captar votos en toda Europa; La adopción del grupo
radical del himno revolucionario de 1989 a en el momento en que se producía la
caída del muro de Berlín, entre otros.
El texto tiene tres partes claramente diferenciadas:
en la primera, correspondiente al primer párrafo, el autor nos introduce el
tema. A través del ejemplo de un joven eritreo asesinado en su apartamento el
movimiento aprovecha las macabras circunstancias para llevar a cabo esa misma
noche una manifestación en esta maravillosa ciudad del río Elba. Acto seguido,
los desafortunados acontecimientos acaecidos en París lleva al autor a manifestar
explícitamente la formulación de su tesis: “Nos encontramos ante el peligro
real e inminente de de caer en una espiral en la que
las minorías radicalizadas, musulmanas y antimusulmanas, arrastren a unas
mayorías inquietas, musulmanas y no musulmanas, en la dirección equivocada. Lo
único que puede impedirlo es un esfuerzo consciente y cotidiano de todos
nosotros”.
La segunda parte engloba los párrafos centrales que forman el cuerpo de
argumentación del autor. La historia de Dresde “tiene pocos inmigrantes y
escasa experiencia” nos hace pensar que sus habitantes han estado influenciados
por el poder político (unificación de partidos de extrema derecha) y que como
pretexto argumental del bombardeo angloamericano de la II Guerra Mundial han
contribuido al fenómeno de convertir la ciudad en víctima. En el tercer
párrafo, llegamos a conocer con mayor detalle la aparición emergente del
movimiento: “El propio nombre del movimiento
es anacrónico”. es más, éste se ha aprovechado de concepto que otros tratados “pero
Abendland es una palabra
muy anticuada que significa literalmente “la tierra del anochecer” y que
utilizó Oswald Spengler en su monumental tratado sobre el pesimismo cultural
alemán tras la I Guerra Mundial, La
decadencia de Occidente.”. La ironía se
muestra explícita en el final de este párrafo: “Blancos con un toque de
pardo”.
Como conclusión, el autor
refuerza su tesis exponiendo el nombre del cabecilla de Pegida, un tal
Tallakter, quien colgó un anuncio xenófobo en Facebook en forma de
interrogaciones que increpaban en contra de las minorías sin recursos que,
según el principal organizador “exprimen nuestro Estado de bienestar”. Y un
último dato curioso importante: Tallakter fue concejal en representación del
partido de Ángela Merkel.
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